Entrevista a Natacha G. Mendoza, escritora española de las Isalas Canarias. Autora de los libros “Teoremas del silencio”, “Historias mínimas”, “Los bares del infierno” y “Saudade”. Por Juan Botana
¿Qué es el silencio y cómo abordás el tema en tu libro?
Desde luego, el libro no pretende ser un tratado físico sobre la ausencia de sonido. No me
interesa la acústica, sino el peso de lo «callado». Indago en esa forma particular de silencio
que no es vacío, sino un muro: aquello que no se atreve a articularse en un discurso
ordenado. Es un silencio poblado de palabras postergadas, de reservas, de emociones que
se pudren por no ser dichas. De esos escombros, de ese no-decir que a menudo pesa más
que cualquier grito, es de donde se nutren, con mayor o menor fortuna, estas páginas.
Es un silencio poblado de palabras postergadas, de reservas, de emociones que
se pudren por no ser dichas.
¿Tu prosa es poética?
No me adscribo conscientemente a ningún género o subgénero. Escribo obedeciendo a la
urgencia y a la pulsión que me dictan las palabras. Cuando me releo, reconozco pasajes
donde la crudeza de la realidad impone su discurso, y otros donde es la pura emoción (o la
poética de la herida) la que toma el mando. Dejo a los teóricos y especialistas la tarea de
clasificar los resultados; yo solo me encargo de dejar el pulso en el papel.
Escribo obedeciendo a la urgencia y a la pulsión que me dictan las palabras.